Reconfiguración del verso

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Reconfiguración del verso

Por Miguel Asa
16 Septiembre 2013

El movimiento del género de la poesía concreta tuvo su estancia definida en los años cincuenta del siglo pasado, su concretismo es visual, sin abandonar nunca el determinante lírico; hoy la escuela creada por este movimiento sigue vigente

 

 

¿La poesía en muros? ¿La poesía en una retícula? ¿La poesía hecha imagen? Pues así fue, la poesía y el diseño alentaron al mundo a creer en nuevas configuraciones del signo poético y otras cuestiones. En abril de 1930 París dio a luz a otro de sus tantos hijos: el Manifiesto de Arte Concreto; en él, su precursor, Theo van Doesburg y cuatro más, Carlsund, Hélion, Tutundjian, Wantz, pregonaban un “arte universal”, libre de inspiración y sentimentalismo, vaya, la “claridad absoluta”. Además de repercutir en las artes visuales y en la música, por mencionar, Max Bill y Jean Arp, y Pierre Schaeffer y John Cage, respectivamente, el movimiento también se involucró en la ferocidad de las letras.

Eugem Gomringer, quien fuera secretario de Bill en los cincuenta, exploró una nueva poética, la de la palabra y la imagen vueltas en “sí mismas” una mezcla, la hibridez de dos sustancias ajenas, en su poemario Konstelationen (1953), una reconfiguración de la letra en el discurso visual; en ello, por primera ocasión, se acuñó el término “poesía concreta”. De manera simúltanea, la aproximación al boliviano-suizo por parte de los hermanos Haroldo y Augusto de Campos al lado de Decío Pignatari, quienes se harían llamar grupo Noigandres (al igual que la publicación en la que mediaban sus artículos), serían los encargados de fungir como la última vanguardia del siglo XX, el de la poesía concreta, para definir el movimiento en la Exposición Nacional de Arte Concreto en diciembre de 1956 en Saõ Paulo, Brasil.

El término generó expectativas, cuestionamientos por aquí y por allá; la poesía encontraba un camino nuevo, el de su estrechamiento con la retícula visual, una entidad de renovación, de reestructuración, el alejamiento témporo-lineal y un camino definitorio para aquellas vanguardias mutiladas, el del esparcimiento espacio-temporal: no fue suficiente alterar las reglas del verso, sino que había aún más en el cuerpo de un texto.

Allí Noigandres, inspirado en el atrevimiento visual de Stéphane Mallarmé (tipografía y espacio), sustraído en la contraposición del signo de Ezra Pound (ideogramas), transfigurado en los segundos de James Joyce (tiempo y espacio), sintetizado en la estructura de e.e. cummings (“atomización de palabras”), observado en la retícula de Guillaume Apollinaire (caligramas), socializado con el dadaísmo y el futurismo como respuesta al problema, entre otros, todo para lograr la transformación poética, sonora y espacial, herramientas que fueron clave en el nacimiento de la nueva ecuación del mundo literario: verbovocovisual, así, el plano piloto para la poesía concreta.

Se trata pues de una emulsión que trastoca los sentidos, la palabra se volvió parte de una retícula, de un espacio, de una composición visual; de ello Pignatari inferiría en algún momento que el poeta es también un designer; es ahí cuando el signo cambia en su totalidad e involucra otras entidades para su representación (psicología, tipografía, diseño, arquitectura, sonido). Eso permitió que el poema concreto se creara, se representara y se estuviera en sí mismo. Lo anterior fungió en la estructura de un nuevo pensamiento alrededor del globo para formular nuevas ideas, una nueva poética… a pesar de que hasta nuestros días no se ha consolidado en las academias literarias. El poema cambió su forma expresiva, luego surgió con nuevos horizontes y dislocó su antagónica imagen. Todo se trasladó a otro nivel de interpretación, el que está ante nuestros ojos y no hay más.

¿Por qué designer? Porque el poeta concreto se vuelca en una ola de significación mediante otras aplicaciones teóricas, desde el arte concreto, la psicología de la Gestalt, la nueva tipografía y otros pliegues que definieron el diseño y la arquitectura; dirá Gomringer en una publicación italiana: “Si tratta perciò di nuda struttura del linguaggio: come nell’architettura moderna la forma visibile della poesía concreta corrisponde alla sua struttura” (Gomringer, 2002).

La poesía concreta determinó identidades que jamás antes se habían postulado, pese a los nobles intentos de movimientos anteriores. De ahí el surgimiento de toda una gama sin precedentes y que, al día de hoy, no se ha detenido al cuestionamiento en turno por las múltiples deformaciones que surgieron en aquellos años al ser el poema no sólo un acto de verbovocovisualización, sino el de su propia realización, ejecución, interpretación, participación e interacción, como por ejemplo, la poesía comestible.

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